Alternativas psicológicas de intervención en problemas de salud
Camacho Gutiérrez, Everardo José
Resumen
La variedad de temas cubiertos en esta obra coordinada por los doctores Camacho y Galán y el deseable impacto que estos esfuerzos tendrían que alcanzar en los escenarios especializados mexicanos en el estudio y tratamiento de problemas de la salud en relación con factores psicológicos, lleva a reflexionar sobre la vigencia de una antigua controversia: ¿en qué medida los procesos mentales están hechos de una “materia” diferente de los procesos físicos y, o biológicos o ambos? Este cuestionamiento se inclina cada vez más, con evidencia de respaldo, en el sentido que los procesos mentales ocurren y requieren de la presencia de un sistema nervioso muy evolucionado, un “cerebro mamífero social” (Domínguez, Carter & Porges, 2011). En otras palabras, no es posible pensar en “mentes sin cuerpo”. Una propuesta viable quizá a medio camino de esta controversia- es que la mente no es una sustancia ni “una cosa”, sino que está relacionada con la acción del cerebro, con lo que éste realiza; es decir, la confusión y la controversia pueden atribuirse en principio, a un error de categorización en el que se ha presentado a la mente como un nombre, pero en realidad se trata de un verbo (no se posee una mente, se mentaliza); en cuyo caso, también requiere para su expresión de un sistema nervioso social sofisticado. Una parte mayoritaria de los paradigmas básicos que han guiado las tareas de la evaluación psicológica en los problemas relacionados con la salud, -incluidos en este libro- pueden ubicarse en el núcleo de la teoría e investigación de las emociones, y se vinculan, por un lado, con los modelos animales de laboratorio que constituyen la base de este campo de investigación (sobre todo en los países con ingresos elevados) y, por otro, con los instrumentos basados en el uso del autorreporte en su modalidad de cuestionario, conocido de manera popular como Test o prueba psicológica, y las entrevistas para su adquisición o recopilación (distintivos de los países con ingresos medios y bajos). Hasta ahora casi todo el conocimiento científico que sirve como apoyo acerca de las emociones y su relación con la salud (y otros procesos centrales de mayor complejidad e importancia como la interocepcion) se ha derivado del modelo de laboratorio (Damasio & Carvalho, 2013) o de hallazgos inferidos a partir de los reportes retrospectivos; aunque al final, la meta común de ambos es comprender la compleja relación entre las emociones y su expresión cotidiana en la vida de las personas. Los dos enfoques mencionados y utilizados por la mayoría de los colaboradores de esta obra, han sido hasta ahora estrategias viables y, en muchos casos, las únicas disponibles; esto es así porque aún tienen algunas ventajas: los cuestionarios y las entrevistas suministran un acceso fluido para el estudio de las relaciones emoción-salud y de diversos niveles de la autoobservación o interocepción (Seth & Critchley, 2013), lo que permite valorar características estables del perfil de personalidad de una manera rápida y con un bajo costo, así como actitudes y creencias de importancia para entender su relación con los fenómenos emocionales. Un buen cuestionario o entrevista estructurada es una herramienta confiable en la medida en que, por lo menos, coincida o discrepe en validez con otras modalidades de evaluación que posean mayores niveles de objetividad (p. ej., monitoreo psicofisiológico, biomarcadores, entre otros). Lo ideal sería que existiera una armonía e intercambio fluido entre estos enfoques de evaluación para alcanzar metas clínicas relevantes y aún más, sería deseable un impacto competitivo a nivel socioprofesional. Después de algunos decenios de trabajo clínico es posible considerar que los enfoques tradicionales de evaluación deberían complementar los componentes subjetivos y objetivos de los procesos de salud y enfermedad, generar información tanto confiable como sistemática sobre las relaciones funcionales entre estímulos o eventos específicos y las reacciones instigadas en los dominios de competencia de los psicólogos, a saber, la fisiológica y conductual. Desde luego que combinar enfoques es más demandante que sólo ejecutar la valoración retrospectiva del autorreporte; puesto que los eventos generadores de la actividad emocional exigen su plena identificación y medición en tiempo real y en los mismos contextos clínicos. Por ejemplo, el estudio del dolor crónico (DC) requiere no sólo instigar su componente afectivo: ¿cómo afecta el dolor su vida actual?, sino además monitorear en tiempo real en qué medida la respuesta (verbal y no-verbal) del entrevistado coincide o no con cambios autonómicos de diversos grados de complejidad. De esta manera, uno de los recursos más conocidos para el estudio de las emociones es la utilización del IAPS (por sus siglas del inglés International Affective Picture System (Bradley & Lang, 2000b), que contiene un conjunto de fotografías de emociones con puntajes asignados en su nivel de valencia y activación. Otro método utilizado con amplitud para el estudio de diversas emociones (ansiedad, ira, tristeza y felicidad) y su relación con el estrés, el dolor y con patrones dinámicos de mayor duración como la resiliencia y la catastrofización, son los videos cortos que a veces se obtienen de películas comerciales.
Detalles del libro
  • Clasificación: R 726.5 C35
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